Juan Perón supo tener tres bibliotecas: una en su residencia presidencial donde ahora se encuentra la Biblioteca Nacional, otra en Casa de Gobierno y una tercera en Puerta de Hierro durante su exilio en Madrid. La primera y parte de la segunda fueron quemadas en tiempos de la dictadura militar llamada Revolución Libertadora. La tercera fue adquirida por el empresario y político Francisco De Narváez. Pero una parte importante de la biblioteca que Perón tenía en Casa de Gobierno hoy se encuentra arrumbada en una antigua habitación del Archivo General de la Nación. Más allá de nuestras pertenencias ideológicas es indudable que se trata de un material histórico de suma importancia. Son más de 3000 ejemplares, mucho de ellos dedicados por sus propios autores como Arturo Jauretche o Arturo Sampay que hoy están depositados en un cuartito de 2 metros de ancho, en estanterías metálicas más dignas de una bulonería que de un material tan preciado para los historiadores. Un cuartito cerrado con llave, que las pocas veces que se abre destila un nauseabundo olor a químicos que se usan para su preservación. Sería interesante que semejante biblioteca fuera un museo intinerante para que todos los argentinos puedan conocer cuál fue la formación de uno de los más famosos presidentes argentinos.
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viernes, 8 de agosto de 2008
La biblioteca de Perón
Juan Perón supo tener tres bibliotecas: una en su residencia presidencial donde ahora se encuentra la Biblioteca Nacional, otra en Casa de Gobierno y una tercera en Puerta de Hierro durante su exilio en Madrid. La primera y parte de la segunda fueron quemadas en tiempos de la dictadura militar llamada Revolución Libertadora. La tercera fue adquirida por el empresario y político Francisco De Narváez. Pero una parte importante de la biblioteca que Perón tenía en Casa de Gobierno hoy se encuentra arrumbada en una antigua habitación del Archivo General de la Nación. Más allá de nuestras pertenencias ideológicas es indudable que se trata de un material histórico de suma importancia. Son más de 3000 ejemplares, mucho de ellos dedicados por sus propios autores como Arturo Jauretche o Arturo Sampay que hoy están depositados en un cuartito de 2 metros de ancho, en estanterías metálicas más dignas de una bulonería que de un material tan preciado para los historiadores. Un cuartito cerrado con llave, que las pocas veces que se abre destila un nauseabundo olor a químicos que se usan para su preservación. Sería interesante que semejante biblioteca fuera un museo intinerante para que todos los argentinos puedan conocer cuál fue la formación de uno de los más famosos presidentes argentinos.
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